Las redes que marcan agenda
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| Samanta en Bake Off (Telefé) |
El peso específico que hoy tiene una red social es demasiado enorme como para ignorarlo en la vida real. Las consecuencias, en tanto, no dejan de ser estremecedoras y la gente no parece medir el volumen que pueden tener las mismas en el desarrollo cotidiano de la vida.
Durante esta cuarentena que se está llevando a cabo en gran parte del mundo a causa de la pandemia del Covid-19 (y de la que no somos ajenos como argentinos), han tomado cierta relevancia los reality shows, aquellos programas de competencias que nos hacen estar atentos a la televisión e hinchar por sus participantes como si jugase nuestro equipo de fútbol preferido.
Bake Off fue uno de estos realitys, que grabó Telefé antes de la pandemia y continuó emitiendo durante este 2020. El resultado ya estaba puesto hacía rato y solamente lo sabían los concursantes y el canal en cuestión. Sin embargo, lo que parecía estar escrito tuvo que modificarse.
Al rumorearse que una participante, Samanta, había infringido las reglas del programa para concursar, todo cambió. Las redes sociales (en especial Twitter), atacaron ferozmente a una mujer que no conocíamos más que haciendo tortas en el reality en cuestión. De golpe, y casi sin previo aviso, todos tenían una opinión formada acerca de Samanta: cuestionamientos, acusaciones e incluso instalaciones de teorías acerca de un presunto homicidio culposo.
Si bien Twitter no es la red social más numerosa en cuanto a suscriptores, sí posee una gran relevancia para la instalación de agenda y es por eso que, en el episodio final, Telefé tuvo que cambiar el resultado y otorgarle el premio a otro participante. La red social del pajarito logró lo que, de otra forma, nadie hubiese logrado.
¿Pero quién le quita el mal trago a una participante que simplemente mintió en un formulario de inscripción? ¿Alguien se responsabiliza por los daños cometidos a una persona? Quienes manejan las redes se olvidan por unos instantes del poder que tienen las mismas y que, del otro lado de la pantalla, hay otro ser humano leyendo nuestros mensajes.
La tecnología avanza a pasos agigantados, pero cuán difícil es saber si la sociedad está capacitada para caminar a la par del desarrollo. Se necesitarán nuevas leyes, nuevas normas y una nueva cultura que permita comprender este nuevo método de comunicarse, donde el "vale todo" no debería estar permitido.

Buena reflexión, que conecta con aspectos de opinión pública.
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